Pero ¿Por qué tienen que matar al toro?

Como aficionado inglés estoy muy acostumbrado a oír esta pregunta, en muchos casos por mis paisanos británicos pero también en ocasiones frecuentes por españoles ajenos al mundo de la tauromaquia que se sorprenden con mi entusiasmo por esta actividad. Dependiendo de de la verdadera curiosidad que tiene mi conversador de saber de toros puede variar mucho mi respuesta. En algunos casos les explico en mucho detalle los muchos matices y aspectos litúrgicos de la tauromaquia mientras que en otros casos, si tengo claro que mi conversador no va con la mente muy abierta intento resumirlo de la forma más eficaz y breve que puedo para no perder m tiempo y aburrirles contándoles cosas que jamás van a creer o considerar.
Pero creo que los taurinos tenemos la responsabilidad de poder explicar y responder esta pregunta de forma detallada y clara. Para justificar algo es indispensable tener conocimientos de ello y si no podemos explicar la muerte del toro no podemos defenderla. La muerte del toro es un pilar fundamental de la lidia, es la culminación de todo lo que sucede desde que salga el toro y el resultado final de la corrida depende mucho de esta suerte y de cómo se ejecuta. Es también la parte de la lidia más controvertida y la que más repugnante parece para aquellos que se oponen la fiesta de los toros. Entonces ¿Por qué se da muerte al toro?
Pues la matanza del toro es tan antigua como la fiesta en sí, si asumimos que los orígenes de la tauromaquia están basado en la caza de bovinos salvajes y luego en las luchas de caballeros y toros que gozaron de una gran popularidad durante varios siglos cuando la nobleza y los caballeros de prestigio lanzaron toros para entrenarse para la batalla y para celebrar acontecimientos especiales como bodas de la familia real. En estos tiempos la res que se había matado sirvió para alimentar a la localidad y a todos ellos que se habían intervenido en el espectáculo de lidiar al toro, a veces, es muy probable que las bestias sacrificadas alimentaron a pueblos enteros. La posibilidad de la nobleza para exhibir su talento a caballo y su competencia para participar en la guerra era sin duda uno de los componentes fundamentales de estos acontecimientos pero más aún fue el hecho de que tras el sacrificio de la res había entonces mucha carne para dar de comer a los hombres del pueblo.
Hoy en día esto no ha cambiado, el toro de lidia es un animal criado por el hombre y cuyo destino final es siempre alimentar a las personas, es por eso que muere el toro. Pero en el siglo XIII cuando Francisco Montes “Paquirro” era uno de las figuras del toreo mas importantes y antes de aquella época apareció otra problema. El torero en estos tiempos generalmente mataba al toro en muchos de los funciones taurinas que se celebraba, pero no siempre fue así ya que no había en esta época reglamentaciones fijas. Muchos de los toros toreados salían vivos del ruedo, a veces porque la espada actuante no era capaz de hacerlo y en otras ocasiones porque el evento fue menos costoso si no se mataba al animal. De tal forma se quedaron en el campo muchos toros que habían sido toreados, algo que hoy en día va en contra de la ley.
Los criadores de reses bravas aprovecharon de este hecho para sacar mas rendimiento de sus animales y los volvieron a vender para otras corridas. En estos casos los animales no se podían lidiar con normalidad porque el toro tenia ya un conocimiento excesivo sobre lo que le iba a suceder, algo que hizo imposible el trabajo de los lidiadores y decepcionó a los asistentes que se quedaron sin ver una buena corrida. De tal forma se convirtió en costumbre matar siempre al toro en la plaza para evitar este problema. Hoy en día el torero esta contratado para matar al toro y todos los animales (salvo aquellos que se premian con el indulto) deben de morir en la plaza, siendo matado en los corrales si el torero es incapaz de hacerlo. Con este protocolo se evita el gran peligro y dificultad de tener que lidiar toros ya usados que resultan extraordinariamente peligrosos para todos los que se ponen delante.
De esta forma la muerte del toro es la única respuesta a algunos de los asuntos relacionados con la práctica de criar y consumir a los animales que hemos domesticado los humanos: la carne de las reses la comemos y por lo tanto es necesario que mueran, además, si un toro salga vivo de la plaza sin haber ganado la vida existe el riesgo de que volverá a ser lidiado en el futuro para el gran disgusto de los profesionales que tienen que torearlo y el público. Pero el acto de matar el toro no solo es por conveniencia y convencionalismo, tiene también como todo lo que sucede en el mundo de la tauromaquia un elemento litúrgico y de ritual.
Después de que el torero haya pasado quince minutos dominando y controlando el comportamiento del animal con la ayuda de su cuadrilla, la estocada, o el último tercio de la lidia es cuando demuestra si todo lo sucedido anteriormente ha servido para algo. Es el momento en la que vemos si realmente dominó al toro con su capote, si realmente templó su acometida el picador, si realmente le fijaron y le pararon los banderilleros y si los pases de muleta que realizó durante la faena han sometido al toro o si solo han sido unos adornos y tremendismos espectaculares sin fundamento o técnica. Cuando el torero entra a matar pone en evidencia su verdadera capacidad y habilidad para hacer su trabajo porque si no es dueño de la situación y si ha fallado en algo durante el discurso de la lidia lo mas seguro es que no va a poder estoquear con limpieza al toro.
La suerte de matar, aunque ha perdido importancia en la lidia y los espectadores modernos ya no lo valoran como antes, tiene también un significado importante en la liturgia o incluso en la ética de la lidia. En muchos casos se critican a los toreros modernos por solo pegar pases y no torear, esto significa que algunos toreros dejan pasar las reses por los vuelos de la muleta o el capote haciéndoles embestir sin que ellos realmente tengan control o dominio sobre el animal. No diré yo si esto es verdad o no, lo que sí es indiscutible es que para matar bien a un toro el diestro no tiene otro remedio que tirarse encima de los pitones exponiendo su pecho a las puntas finas del los cuernos de los animales. Por eso cuando el torero da muerte al toro es cuando esta mas en riesgo su propia vida. Por eso el momento de la estocada tiene mucho significado porque es cuando el toro tiene más posibilidad de herir al torero.
Así que matar al toro es lo que hace posible su preparación para el consumo humano como es el destino de gran parte de los animales criados en las ganaderías, matar al toro también es lo que obliga el torero a arriesgar su propia vida en la plaza como hicieron muchos toreros como Pedro Romero, Manolete o El Yiyo que murieron al recibir heridas mientras estoquearon toros y también se evita al matar a los toros que vuelvan a ser lidiados. Estos son para mi las razones más importantes por las que se realiza y se justifica la suerte de matar.
¿Se puede sustituir la lidia actual con corridas sin muerte o sin sangre?
La respuesta sencilla en mi opinión es que sí. En el futuro la sociedad exigirá este tipo de cambios en ciertas actividades culturales como también cambiará la opinión general con respecto a otras actividades como la caza, la pesca o incluso las matanzas religiosas. Por lo tanto no creo yo que existe otro remedio que modificar la lidia para que sea una práctica menos cruente y dura. Aun así no hay muchos aficionados o profesionales taurinos que comparten esta opinión, y, pese a que reconozco la necesidad de estos cambios creo que es muy importante pensarlos mucho antes de tomar medidas como esta porque lo que parece en teoría no asemeja tanto con la realidad.
En Portugal es ilegal matar el animal en la plaza, las reses que se lidian han de ser sacrificados en el matadero después de ser toreadas. De tal forma ningún espectador ve la muerte cuando ve un festejo taurino, algo que parece bueno para muchos. Sin embargo tenemos que mirarlo en detalle. El toro al salir de la plaza vuelve a los corrales y entonces, con las banderillas todavía en su morillo y la sangre saliendo de sus heridas tiene que esperar encerrado en un camión o un chiquero oscuro su muerte a tiro sin que puede hacer nada. Y lo peor es que los mataderos trabajan a horario normal de lunes a viernes, lo que contrasta con los días y las horas de la celebración de los festejos taurinos que se celebran generalmente durante el fin de semana, por eso un toro que es lidiado el sábado podría tener que esperar hasta el lunes con el estrés de la lidia hasta que le matan. por eso el hecho de que no se da muerte al toro no significa de ninguna forma que sufre menos.
Esta legislación protege, en mi opinión, mucho al espectador que quiere disfrutar de las corridas de toros sin tener que ver la muerte y casi nada al toro que muere inmovilizado en la oscuridad de un corral donde ve la sangre de sus hermanos y otros animales sacrificados anteriormente. Por eso, la idea de no matar los toros en las corridas de toros, por lo bien que pueda parecer, en realidad no tiene el efecto deseado. Hace que el espectáculo resta crudeza para el espectador menos convencido de lo que ve pero no mejora de ninguna manera el trato que recibe el animal que tiene una muerte mucho más digna en el ruedo que en el matadero donde permanece mucho tiempo con el estrés de lo acontecido y el dolor de las heridas que se intensifica una vez que haya desaparecido la gran dosis de adrenalina producido por el organismo durante el desarrollo de la lidia.
Con respecto a las corridas sin sangre, creo que son una buena forma de exhibir la tauromaquia en lugares donde no hay tradición taurina y la ley impide el desarrollo de una corrida de toros normal. Sin embargo, no me gustaría verlas en España, Francia, Portugal u otros países taurinos en estos momentos. En primer lugar, sin la presencia de un picador no se puede evaluar la bravura de un toro, la casta y la clase seguirán siendo aparentes en el juego del toro ante el capote y la muleta pero sería imposible decir si un toro es bravo o no lo es. De tal forma pondría en riesgo la existencia de la cabaña brava ya que muchos ganaderos podrían incluso comprar ganado manso a precios más bajos para mezclarlo con ganado bravo. Los ganaderos también estarían motivados para criar reses de media casta para poder vender un toro que es más fácil de lidiar sin haber sido castigado de ninguna forma.
Para los amantes de la lidia más bella y cargada de estética es verdad que los pases de capote y grandes faenas llegan cuando un buen toro ha sido templado por un picador eficaz que le ha picado bien. Es posible que en las corridas de toros sin sangre los toreros no serian capaz de expresarse artísticamente ante toros enteros que requieren un manejo de técnica y recursos para poder controlar sus fieras acometidas limitando así la expresividad del toreo. Por lo contrario, si reconozco que en las corridas de toros celebrados en Portugal donde no se pican a los toros los diestros que actúan a pie están obligados a usar toda su maestría e inteligencia para templar al toro en el recibo de capote para poder estar luego a gusto. De tal forma la exclusión de la suerte de varas y las banderillas causaría alteraciones muy considerables al arte de torear y al concepto que tenemos de lidiar los toros, cambios que podrían ser positivos en algunos casos pero generalmente adversarios para el sostenimiento de la tauromaquia.
De esta manera llego a la conclusión de que las corridas de toros en las que no se castiga de ninguna forma al toro serian una buena propuesta para el futuro si algún día llega a suprimir la lidia tradicional. Pero no los veo como un substituto perfecto a las corridas tradicionales y por eso, aunque creo que esta medida va a llegar algún día, espero que no sea demasiado pronto. No olvidemos tampoco que el toro bravo siempre morirá por su producción cárnica, y si la reglamentación no se cuida bien es posible que algunos ganaderos envíen sus toros más que una vez a la plaza antes de enviarlos al matadero para hacerlos más rentables, lo cual supone una vida mas estresante para el animal que ha de ser sometido a la lidia en numerosas ocasiones antes de morir en condiciones que, como ya hemos dicho, son bastante indignantes y peores que las de la lidia en si.
La supresión de las corridas de toros ¿victoria para los animales o para la hipocresía?
Muchas de las personas que piden la abolición de las corridas de toros son vegetarianos o incluso veganos y están en contra de la usanza de los animales para satisfacer las necesidades y deseos humanos. Estas personas imaginen un mundo en la que los hombres y las bestias viven de la mano sin que ninguno aprovecha de otro y sin cualquier tipo de superioridad. Yo no sigo esta forma de pensar pero a lo mejor es posible que están acertado en su filosofía. Pero hay otras personas en contra de las corridas de toros quienes dicen que llevar las reses al matadero y matarlos a tiro es perfectamente lícito porque la muerte de la res solo se ha producido para que ellos consumen la carne del animal mientras que una corrida de toros es moralmente indefensible porque el público se disfruta a la vez que muere el animal. Esta teoría no me convence nada.
Conozco yo a mucha gente que usan esta filosofía: las corridas de toros van en contra de su ética porque los espectadores tienen placer en ver un espectáculo donde muere el animal, no importa si esta muerte es mas digna o mas grotesca que la muerte del toro en el matadero, lo que importa es que hay personas que pagan dinero para contemplarlo. Desde luego, ellos pueden tener el placer de comer la carne de los animales y no pasa nada porque ellos solo disfrutan del resultado de haber matado este animal y no de la muerte en sí, independientemente de si este sacrificio ha sido más grotesca o cruel que la muerte en la plaza.
Personalmente no comparto yo esta posición ni comprendo su filosofía pese a que la de los veganos o vegetarianos me parece natural. Yo como espectador en las corridas de toros disfruto del evento de la misma manera que una persona cualquiera disfruta de una hamburguesa. Disfruto viendo al toro embestir con bravura y clase y disfruto cuando el torero aprovecha de estas acometidas para pegar pases de gran riesgo, técnica y valor artístico de la misma manera que una persona no taurina disfruta del sabor exquisito de su hamburguesa. Tienes la gran diferencia de que el taurino hap visto la muerte del a res en la plaza y el consumidor de carne no la ve cuando come su cena pero sucede lo mismo: si quiero yo comer ternera tengo que aceptar que muera el animal y si quiero yo ir a ver una corrida de toros tengo que aceptar de la misma forma que morirá el animal. Pero esto no significa en ningún momento que busco ver morir o sangrar el animal, alguien que coma un bistec poco hecho sabe que cuando corta la carne saldrá un poquito de sangre, sabe que eso va a suceder y lo acepta, pero no busca esa persona ver sangre lo que quiere es el buen sabor de la carne tierna que es de exquisito calidad.
Es también verdad que en la mayoría de los casos en las que han investigado los mataderos de donde viene mucho de nuestra comida han descubierto que es normal maltratar y abusar a los animales de una forma impensable para cualquier persona sensata, por eso, cuando yo como carne del supermercado siempre tengo la inseguridad de que lo que voy a consumir ha sido producido de una forma inmoral. Por lo contrario, cuando voy a ver las corridas de toros puedo incluso ir a ver los toros en el sorteo y ver cómo están en los corrales además de ver fotos y vídeos de ellos en el campo, por lo tanto estoy seguro de que desde que llega el animal a la plaza hasta que muere ha sido tratado de una forma que, según mi forma de pensar, es digna y moralmente aceptable. ¿Tienen esta seguridad otros consumidores? Es por eso que me parece ignorante cuando estoy sentado en la mesa discutiendo con alguien sobre los toros y tras morder un trozo de carne me dice “que los animales tienen el derecho a la muerte humana”. Pues me parece muy bien lo que usted dice, pero vete al matadero a ver si lo que estás comiendo tú ahora ha tenido esa “muerte humana”. Seguramente tendrán esta gente una sorpresa muy desagradable.
No estoy yo en contra de comer carne, para nada. Ni mi intención es hechas todo el odio a esta industria. Hay muchas empresas que producen carne con el mismo mimo y cariño que un ganadero cría toros bravos para la plaza. Pero la mayoría de los consumidores no buscan productos de este tipo, y cuando los encuentra es normal que no están dispuestos a pagar los precios más altos que son necesarios para hacer un producto con tanta dedicación y pasión. Lo que quiero poner en evidencia es que muchas de las personas que critican la tauromaquia por ser una práctica inmoral, y por lo cual se consideran ser intelectualmente superiores a todos los taurinos, están ellos mismos comprando productos e invirtiendo su dinero en grandes empresas que crían  y maltratan miles de animales para ganar dinero ¿tiene sentido esta filosofía? Yo creo que no. La gente debería de tener conocimientos extensivos sobre una tema antes de debatir sobre ello y por experiencia he aprendido que generalmente no es así. Por eso diría que la prohibición de las corridas de toros es el triunfo de la hipocresía, no para los animales y sus derechos.
Redacción

Author: Redacción

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